AMELIA.–Señora: el mayordomo.
LETICIA.–Pasa, Elias. (Entra el mayordomo. ELÍAS es un tipo de unos cuarenta y cinco años, serio, seco y rígido; tiene un rostro de palo que no parece hecho para reír.) ¿Qué hay? ¿Cómo anda lo de abajo?
ELÍAS.–Todo está ya listo, señora, después de algunos pequeños incidentes que traigo apuntados para que la señora juzgue. (Saca un cuaderno.) Verbi gratia: (Consultando el cuadernito.) Trajeron las serpentinas y el confetti: tres cajas de cada. Al abrirlas, comprobé que muchas de las serpentinas venían rotas; entonces les dije a los de la tienda que se las volvieran a llevar, porque estando rotas habría que tirarlas; pero me contestaron que todas las serpentinas son para tirarlas, y se marcharon riéndose encima.
LETICIA.–¡ Qué desvergüenza!
ELÍAS.–Gentes sin pudor, señora; de esas que lo echan todo a broma...
GRACIA.–(Encarándose con ELÍAS.) ¿Y usted no gasta bromas?
ELÍAS.–No, señora.
GRACIA.–¿Ni se ha reído usted nunca?
ELÍAS.–En lo que va de siglo, no, señora.
LETICIA.–Adelante, Elias, y no hagas caso a la señora.
ELÍAS.–Por último. (Consultando el cuadernito.) He tenido un pequeño tropiezo con el barman que ha suministrado las bebidas, el cual quería colocarnos triple cantidad de whisky de la encargada, sosteniendo la tesis de que cuando los invitados a una fiesta beben poco, acaban insultando a los empleados del bar. Yo me he opuesto en redondo, alegando que, en cambio, cuando los invitados beben mucho, acaban insultando a los dueños de la casa. A eso replicó él diciendo que por qué les íbamos a privar a los invitados de ese gusto.
Leticia.–¡ Oh!
ELÍAS.–Entonces yo le llamé (Lee en el cuaderno) «cochino», y le pegué un trastazo. Y entonces él dijo: (Lee en el cuaderno.) «¡Madre mía!», y se lo llevaron sin que hubiera podido decir más.
LETICIA.–¡Muy bien, Elías! ¿Eso es todo?
ELÍAS.–De incidentes, sí, señora. De otras cosas (Mira el cuaderno), que el encargado del restaurante quiere ver a la señora. No viene a cobrar.
LETICIA.–Lo recibiré luego.
ELÍAS.–También quiere ver a la señora el que ha instalado las luces en el jardín.
(Consulta el cuaderno.) Tampoco viene a cobrar.
LETICIA.–Lo recibiré también. A todos los que quieran verme y no vengan a cobrar, ya sabes que...
ELÍAS.–(Interrumpiendo.) Estoy al tanto, señora. Ya sé que todos los que quieran ver a la señora y no vengan a cobrar los recibe siempre la señora; por la razón de que (Consulta el cuaderno) no viniendo a cobrar, no les vamos a quitar el placer de contemplar a la señora.
LETICIA.–Eso es, Elías.
ELÍAS.–Señora... (Se inclina y se va por el foro con su cuaderno)
Magnífica obra de teatro, por no decir sublime, una comedia fascinante, ¿el argumento?: Pepe ha muerto vestido de torero del susto que le dio el verse sin barba... ante la traición de su mejor amigo -el cual se casó con su viuda tras prometerle en su lecho de muerte que ese hecho nunca sucedería- volverá de la tumba para vengarse.
Humor y amenidad asegurada y eso que a mí leer teatro no me gusta en exceso. Jugosa desde el prólogo hasta el final.
¿Curiosidades de la obra? En el Debut, el actor que representó a Pepe fue Rafael Bardem, ¿a que no sabéis de quien es padre?
Respecto al autor, teatrero y novelista, no lo conocia en exceso hasta hace poco, cuando me lea "la tournee de dios" os contaré que tal. Lo que más me llama la atención de él, es la amenidad de sus prologos.
Y, ¿Por qué esta obra ahora? Pues porque la compañía de teatro TROTEATRO, en la cual participo desde hace años, la representará en Marzo en el teatro Alameda (Sevilla), en la muestra de teatro universitario y no está mal fomentar actos culturales, y si de andada uno, encima suma y se hace propaganda, ¡mejor que mejor! Así que nada, quien quiera venir que venga.

Un vídeo de una entrevista a algunos de "mis chavales" a los cuales siempre les asisto de de técnico y este año al final me lanzado con un papel gordo -bieeeeeeen- les debo mucho, desde la directora hasta a alguna que otra personilla.


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